domingo, 6 de septiembre de 2009

¿Quién si no ella?

Si la misma ministra de educación no tiene fe, ¿quién la debe tener? ¿Debemos tener fe que nuestra educación va a mejorar? El martes primero de Septiembre, en un comunicado de prensa, la Ministra de Educación Ana Ordóñez de Molina renunció a su puesto, el cual ejercía desde enero del 2008. Ella renuncio debido a la “no coincidencia en la asignación de presupuesto realizada por el Ministerio de Finanzas, para los programas del Ministerio de Educación, incluido el de Mi Familia Progresa, debido a que cree en la necesidad de continuar con ese proyecto educativo, y que con los recursos asignados para ese proyecto la continuidad se ve comprometido.”
Esto nos dice algo. Si la encargada del programa de educación del país lo veía comprometido, y por tan mal que esta decidió renunciar, quiere decir que está muy mal. Es claro que el gobierno a usado su presupuesto para otros asuntos, dejando en el olvido la educación del país. Se sabe que el futuro de un país lo dicta la educación del mismo, y que la violencia es consecuencia de la pobreza en educación. Entonces, si buscan solución para la violencia, ¿por qué no le ponen importancia a la educación? Creo que el porcentaje de alfabetización de Guatemala es una vergüenza, y esto debería ser suficiente, sumándole al nivel de violencia y pobreza, para que el Gobierno le ponga importancia al asunto. Y ahora con la renuncia de su ministra, debería ser más que suficiente.
Aparte creo que para la importancia de la noticia, la prensa no le da la suficiente importancia al hecho. En tres párrafos nos informan la noticia, sin darnos detalles suficientes para llegar a conclusiones claras. Creo que esto es por obvias razones. No se les permite hablar de lo mal que el Gobierno ejerce.

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